El agua y el fuego se encuentran entre los principales símbolos de lo sagrado. En tanto que intermediarios privilegiados entre el mundo de los humanos y el mundo de los espíritus o de lo divino, agua y fuego purifican y regeneran. Esta función está muy presente en los ritos que mantienen la relación de los fieles con el Absoluto que les es propio: ofrendas, sacrificios, rituales de purificación o de curación corporal y espiritual. La universalidad de estas prácticas hacen del agua y el fuego dos grandes símbolos de la vitalidad del vínculo con lo divino.