Miquel Àngel Essomba, director del Centro UNESCO de Cataluña, analiza las causas de los disturbios del Besòs, que acabaron con una víctima mortal.
Según Miquel Àngel Essomba, que vivió y trabajó como educador en el Besòs durante años, el barrio tiene un gran déficit de tejido asociativo capaz de articular propuestas de relaciones y convivencia. Cabe destacar que las dos parroquias católicas del barrio han desempeñado un papel capital en la historia de este barrio de 50 años, especialmente en el fortalecimiento de redes de personas que trabajan para la comunidad, y el Instituto del sur del territorio, el centro cívico o asociaciones como Gregal, han llevado a cabo una gran tarea en la promoción de los jóvenes.
Pero para un barrio de 25.000 habitantes, esto es demasiado poco. Si, además, se añade la ubicación periférica dentro de la ciudad y del propio distrito, el déficit crónico en el transporte y la infraestructura, la falta de tejido económico y su cercanía al barrio de la Mina Sant Adrià del Besòs, tenemos el cóctel perfecto para agravar una situación de tensión y de falta de convivencia.
El Besòs no es el Raval, por lo que, tanto instituciones públicas como privadas han destinado escasos recursos. El Besòs no vende, ni puede interesar a las clases medias que van en busca de un entorno social más diverso y multicultural. En el ámbito educativo, las escuelas realizan una tarea positiva pero limitada por la inversión, y la educación durante el tiempo de ocio no acaba de materializarse: ha habido un centro cultural recreativo y unas colonias -el Vaixell- durante bastantes años, pero con dificultades para mantenerse, y no fué hasta el año pasado cuando nació el primer grupo Scout en la historia del barrio.
A esta situación hay que añadir un fenómeno de envejecimiento de la población y una substitución progresiva en la ocupación de las viviendas vacias por ciudadanos extranjeros, la mayoría paquistaneses y senegaleses. Este proceso de substitución poblacional se ha efectuado sin dispositivos fuertes de mediación que abran puentes de comunicación, de conocimiento y de diálogo entre los nuevos vecinos recién llegados, lo que implica el cierre y la segregación entre grupos creados sobre la base de origen.
Las soluciones para el Besòs pasan, según Essomba, por tres acciones básicas. En primer lugar, crear algún recurso cultural en el corazón del barrio. Muy cerca de este territorio existe el complejo del Fòrum y Diagonal Mar, pero ambos espacios quedan fuera de las fronteras simbólicas que delimitan el Besòs. Es necesario atraer a gente de todo tipo a las calles y plazas del barrio. En segundo lugar, es imprescindible hacer una gran inversión en la promoción del asociacionismo, pero no recreativo o reivindicativo -existen clubes de baile o la tradicional asociación de vecinos– sinó transformador, con personas venidas de fuera que apuesten por esta comunidad vecinal y con personas del mismo barrio que quieren hacer activismo social. Y, en tercer lugar, es necesario realizar un trabajo de calle muy importante, con trabajadores, educadores sociales y mediadores culturales, para crear espacios de reconocimiento que puedan prevenir situaciones de violencia y que fomenten la convivencia, lejos de una coexistencia que descansa sobre el conflicto latente.